jueves, 5 de noviembre de 2009

Carta al cadáver de mi amante.

Caminaba por el panteón de la colonia aquel 1 de noviembre; solíamos apreciar con gran emoción todas las ofrendas que se encontraban en cada tumba, pero ya no más. Todo cambió desde hace nueve meses, que tu silueta se aparto de este mundo y me has dejado sólo en esta vida.
  Mire con triste una ofrenda en especial, aquella que colocaban dos adolescentes sobre la tumba de su madre, mis ojos se llenaron de tristeza, mientras creía sentir tus manos sobre mi rostro intentando calmar mi llanto. Continúe mi camino hasta hallar tu tumba, las lagrimas reprimidas desde hace nueve meses salieron incontrolablemente como si estas tuvieran vida propia, levante las malas hiervas que habían crecido alrededor de tu lecho y coloque la manta que te compre sobre él.
  Lentamente desenvolví la comida que te había traído, recordé la primera noche que cenamos juntos, y el hermoso vestido que tenías aquella velada. Chocolate caliente, un poco de mole, unos cuantos dulces de chamoy que tanto te gustaban, tejocotes en almíbar, y una veladora hermosa de colores blanco y carmín, que escogí especialmente para este día.
  Sentí una brisa sobre mi cabello ya canoso y de momento creí escuchar tu voz. Intente quedarme con tigo lo más que pude, pero el frío era intenso y mi cuerpo corazón no resistía más aquella pena de verte solamente en mis recuerdos. Salí del panteón y volví a casa, la cama como siempre estaba tendida, esperando a que llegáramos ambos, pero solo volvía uno. El viento silbaba como mar agitado y el roce de las ramas de la higuera contra la ventana era casi como si la noche tocara pidiendo que la dejara entrar.
  Fui a dormir, alrededor de las once sentí que alguien me observaba, desperté inmediatamente, rogando más que pidiendo que fueras tú la que había venido a visitarme, mis ojos te veían pero mi corazón se negaba a que esto sucediera… te mire, ¡Oh estabas tan hermosa, tan radiante y tan encantadora como siempre lo habías estado! Mis manos intentaron tocarte pero solamente sentían el desvanecer de tu silueta entre los dedos.
  Me resigne a perderte de nuevo, tus ojos encontraron a los míos, hermoso instante el que he vivido, este que me has regalado. Intente tocar tus labios pero sentí solamente el frío de la tierra que te había mantenido durante tanto tiempo separada de mí. Tus labios se abrieron lentamente y me dejaron escuchar tu voz por última vez:
-Te amo, como siempre jure hacerlo, mantener esta dicha de tu amor a lado de mi alma. Ahora te toca a ti aceptar que me he ido, déjame seguir mi camino, pues jamás dejare de ser tuya… deja que tu vida siga el curso, agradezco lo que haces, pero es momento de que te permitas seguir- Intente contener mis lagrimas para no denotar la tristeza que tus palabras me producían, prometí aquella noche que te dejaría seguir tu camino, pero jamás prometí no seguirte en ese trayecto.
  Hoy amor mío me encuentro a lado de tu tumba dejando esta carta que será mi pacto con tigo, te seguiré a donde quiera que haga falta, mis cincuenta y ocho años no me impiden seguir sintiendo lo que de adolescentes sentimos, tomare tu mano de nuevo y el viento no será el que me robe el calor de tu boca.
Amor mío hoy me despido de ti para poder dar inicio a esta nueva vida a tu lado.
  Alouqua

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