
Te he anhelado noche tras noche, mi piel llama a gritos a la tuya, sordo silvido que se pierde en la nada, maldita hipocresia de un corazon roto.
Mis lagrimas son testigo de mi dolor... mi soledad es la cuspide de mi deseo.
Finjo no querer tocarte más... pero la noche plasma mi devilidad... pido poder olvidar tus caricias pero mi lamento ensordecido las hacen más agudas. Mis manos solitarias guían lo que queda del amor, mis ojos perdidos en la nada aclaman tu perdon.
Noches insensatas que se pierden entre suspiros, amargas ilusiones que me piden madurar... lamentos dirigidos a la luna que me llenan de dolor. El cielo se vuelve amante de mis pesadillas, mis labios son sabios, mas no allan solucion de tu partida.
La clemensia de tu alma se aleja de mi vida, no me diriges mirada alguna... no dejas que mis manos toquen de nuevo tu corazón... amarga partida de mi ser, insolente cobardia de mi alma.

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